martes, 18 de diciembre de 2007

ESCLAVOS DE NUESTRA PROPIA LIBERTAD


El título se lo he pedido prestado a Sartre, pero de aquí deriva la pregunta: El ser humano, ¿es realmente libre? ¿O debe crear su propia libertad? Yo apuesto por la segunda opción. Estamos condicionados desde que nacemos por nuestros genes hereditarios y por tanto sobre la decisión de nuestro propio cuerpo, en el momento de la concepción, en el desarrollo del mismo ni en nuestra propia muerte. Tampoco creamos la etiqueta llamada nombre que nos acompañará siempre. No es libre a nuestro criterio único la lengua que hablamos ni el país en el que nacemos. De niños, la educación que recibimos, no escapa de la decisión de nuestros progenitores, y se gestiona en base a un criterio que tampoco escogemos. Los valores religiosos o éticos que nos profesan, las ideologías políticas, la sociedad supuestamente democrática en la que se desarrolla nuestro quehacer diario y en la que estamos registrados, controlados. Quizás no seamos tan libres como pensamos. Posiblemente no haya quien desde el exterior nos limite en nuestras decisiones, pero sí un factor interno que puede ser aún peor que el de afuera. Más difícil de reconocer como tal y más difícil de desafiar. El ser humano se diferencia del resto de animales por el libre albedrío, es decir, por la capacidad para decidir. Así como los animales actúan por instinto, nosotros somos capaces plantearnos nuevas respuestas a los estímulos externos que recibimos. Por lo tanto, ¿somos realmente libres? ¿De qué quiere pues liberarse el ser humano: del dolor y el sufrimiento, de las limitaciones y obligaciones, de las necesidades, del hambre y la enfermedad?

Por el determinismo y el libre albedrío: ¿Tenemos control sobre nuestras decisiones, y por lo tanto, somos responsables de ellas? Antes de que una persona tome una decisión, ya que ningún observador puede saber cuál será esa decisión tomada, la persona es libre. Y cuando ya la ha tomado, la persona es marca un camino que tan sólo si se crea la propia libertad es posible cambiar. ¿Es libre el drogadicto que no puede dejar la droga?


Como dijo el mismo Sartre "Al querer la libertad descubrimos que ella depende enteramente de la libertad de los demás". Y ahí aparece el término democracia, el sistema menos perverso de los que existen para organizar las diferentes sociedades del mundo, pero que puede ser una arma de doble filo: algo que se encamina hacia la perfección en la relación y organización entre los seres humanos puede convertirse en algo viciado, con tendencias de aproximación a una dictadura u oligarquía de unos cuantos funcionarios privilegiados frente a una masa mayor y con menos privilegios.

¿No sentimos recortada nuestra libertad por una supuesta protección?. Los gobiernos han dejado de ser organismos legisladores para convertirse en una especie de padres severos y sancionadores, de manera que se crean y se abolen unas leyes que por nuestro "bien" no tienen más remedio que recortar nuestros derechos y libertades. Y en ese control se sustenta el sistema. Si nos portáramos todos bien, el sistema se caería como si sacáramos todo el dinero de los bancos, el sistema también moriría. En consecuencia la injusticia se contempla como una inevitable baja colateral. Existe la libertad de expresión, si. Habla y serás censurado si no me gusta lo que oigo (véase 1 y 2). Con todo esto, las personas cada día ven más recortada su libertad, y tal vez empieza a ser el momento de cuestionarse si esta democracia puede que no sea el mejor sistema y de buscar una nueva democracia. Pero ese ya es otro tema.

2 comentarios:

Sofía Berkana dijo...

Darse cuenta de que no se es libre ya es en sí una libertad, al fin y al cabo la peor esclvitud es la que no se ve

Mephisto dijo...

Tal vez así sea, se dice que el enfermo que conoce su enfermedad afronta mucho mejor su cura que el que la desconoce. A pesar de ello, ojos que no ven, corazon que no siente, por tanto, desconocer nuestra propia libertad, tambien puede ser una "ayuda" para no cuestionarsela y simplemente, vivirla.