viernes, 9 de mayo de 2014

FRASES HECHAS



Un día un buen amigo me regaló una frase hecha. No esperaba mi pronta respuesta ante su ofrecimiento y se quedó atónito. Le dije que las frases, desde siempre, las prefería poco hechas, vuelta y vuelta; no más. Sonrió creyendo que le enredaba con un bonito juego de palabras. Pero no era mi intención; en absoluto. Siempre he pensado que en las frases poco hechas, aquellas en las que existen huecos y filtraciones, es posible la creatividad espontánea, es posible el flujo de oxígeno y por tanto, de algún modo, también es posible cierta dosis de libertad.

Hoy estoy falto de oxígeno y mis "pulmones" (que no mis órganos respiratorios) lo saben. Menos mal que me recetan, sin saberlo, sus "prontos" a tiempo y sin batas blancas de por medio. Tal vez porque los grandes retos ocupan demasiado espacio estos días en mis frases, en mi devenir diario y es conveniente más que nunca relativizarlos, encajarlos en su sitio y saberlos espaciar; crearles grietas. Improvisarlos, si es necesario. Si disponemos de la habilidad de ahuecarlos y de permitirles ciertas fisuras en sus vanas contundencias, esas mismas frases hechas, escritas en fuente recargada y tamaño desmesurado, adictas al titular y exentas de letra pequeña a pie de un fotograma que nos quite el aliento, permitirán cierto aire de frescura y alivio. También, como no, de sosiego y calma auxiliadora para abrazarlas sin ahogo alguno. 

Tampoco creo en la recuperación de los ímpetus ya instaurados, sino en la creación paulatina de nuevos corajes, en la reinvención de nuevos impulsos sinceros, en la apuesta firme de creer posible un instinto, afianzarlo y organizarlo, con cautela, perseverancia y anhelo, como si fuera “otra vez la primera vez”. ¿Por qué no?. Y eso es sólo factible si la sombra que proyectamos no posee un ego feroz ni un ruido extravagante de fondo, tan fiero como para oscurecer nuestras posibilidades o creerlas ya conquistadas de facto. Porque esas posibilidades, que son muchas, no están “hechas”; siempre están “por hacer”. 

Este es otro primer paso. Pero uno nuevo. (Y te lo debo a ti, Maestra, por tu tozudez pero también por tu paciencia, entereza, sonrisa y batuta inteligente, capaz de dibujarme como alumno al detalle, aún con los ojos vendados. Por ello, una vez más, y aunque sé que no es necesario entre nosotros, GRÀCIES GUAPA.)

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