miércoles, 11 de julio de 2012

CG: TRAILER DE UNA ASAMBLEA



Fin de semana de encuentros esperados. Detrás de esta fotografía se ocultan conversaciones de tinte irracional, confesiones lóbregas de alto nivel, sucesos de rudo contenido irreproducible, grabaciones animadas de depreciada alcurnia y vagos reflejos de efemérides de épocas pretéritas. Tras el aparente destello de una casta gallina serigrafiada en una botella, relucen los aspectos más recónditos y oscuros del alma de cinco desterrados al margen de los códigos de honor. Cinco iniciales: G, S, P, N, 6. En breve, mucho más…

miércoles, 4 de julio de 2012

HOUSE...THE END. ¿NADIE CAMBIA REALMENTE?


Merecía en este humilde blog un post, como en otras ocasiones, dedicado a una de las mejores series de todos los tiempos y que ha marcado un hito realmente difícil de superar. Tendría que remontarme a épocas pretéritas en las que hacer una referencia a una serie que marcó mi vida, como lo han hecho estas ocho temporadas de House y seguro que hoy en día me decepcionarían o caería el mito (suele pasar). Pese a no ser un gran consumidor de series y a pesar de la existencia de algunas que merecen estar en el podio, me he quedado huérfano los jueves por la noche. Cada encuentro con la mítica serie era de una celebración y una emoción insospechadas.

Ha caído un peso pesado y no será fácil generar un sustituto de altura que vuele durante 177 epsiodios con la misma coherencia narrativa, la creación del mejor personaje principal, tramas y guiones de un trabajo exquisito, lealtad en cada capítulo rallando la perfección de tempos, sin prostituir el núcleo central: el propio House,  y no llegar a aburrir jamás, al menos en mi caso. La serie no se ha traicionado a sí misma, si bien ha habido capítulos con mayor o menor intensidad. Pero siempre se ha generado alguna perla, alguna situación cómica inmejorable, algún detalle extravagante pero suficiente como para compensar un capítulo aparentemente gris.

Hugh Laurie ha hecho el papel de su vida, a pesar de mi escepticismo inicial a su interpretación, por las referencias con otras series como Escurço NegreLa Víbora Negra (con Rowan Atkinson al frente, y él como el alocado príncipe George) o películas como "Los amigos de Peter" o la infumable saga "Stuart Little", entre otras. Sisco me alertó de ello, y yo supe hacerle caso a tiempo. Nunca sabré como devolverle las horas de disfrute interior con las que he gozado hasta altas horas de la madrugada. A él le debo también mi pasión por Depeche Mode. Este fin de semana se lo agradeceré eternamente.

Volvamos al tema. Este médico genial, cínico, putero, sociópata, maquiavélico, narcisista, drogadicto y solitario junto con un equipo de actores lúcido (con sus más-menos), ha creado desde las escenas más surrealistas a las más emotivas que recuerde (ha conocido el amor desde su punto de vista, claro está, ha visto a colegas de profesión suicidarse, ha perdido en contadas ocasiones, ha ganado en la mayoría, ha sido secuestrado, disparado, apaleado e incluso ha estado en la cárcel).


El último capítulo habrá decepcionado a algunos. A mi no. No me esperaba fuegos artificiales ni cambios de 180 grados viscerales, ni nada por el estilo. Fiel a unas cualidades, House empezó en su día con un capítulo titulado "todo el mundo miente" para acabar con el último llamándose “todo el mundo muere”, pero en su debido tiempo y hasta que llegue el día, hay que aprovechar cada minuto como si fuera el último. Carpe Diem. Se cierra el círculo magistralmente, pero con un cambio importante. Uno de los leit-motiv de la serie era también que “nadie cambia”. La medicina, sus puzzles preferidos en cada capítulo a través de sus sonados diagnósticos, han sido el eje central de la vida de House. Pero él puede finalmente cambiar, ser capaz de dejar todo atrás y disfrutar de la vida, o al menos a esa conclusión llega después de razonar junto a su subconsciente, que adquiere la forma de personajes míticos de la serie, justo en el momento en que se debate interiormente de si debe o no vivir. Contradictorio, sí, pero ese es el mayor giro; negarse a si mismo en una afirmación que ha usado como lema de su vida y reflejado en toda la serie a través de sus dardos envenados a compañeros de trabajo y pacientes. Se trata pues de una reflexión sobre su propia naturaleza desde las raíces más profundas de su percepción. El resto de la trama, puede tener obviedades, deslices, resoluciones impuestas e inmediatas, pero el trasfondo es genuino e indiscutiblemente atractivo.

La serie acaba acompañada de una banda sonora que incita en todo momento a disfrutar el momento, mientras vemos a House y a Wilson en dos motos dispuestos a pasar juntos los mejores cinco meses de su vida, a tenor de la enfermedad terminal del oncólogo y de la intención de nuevo encarcelamiento de Gregory House por una “travesura” en el hospital.

La muerte no es un enigma guay


Y así termina el Sherlock Holmes médico, el elenco de frases lapidarias y las jugarretas de su protagonista, el abuso de sustancias, los enfrentamientos con su equipo y pacientes, las investigaciones externas en casa de los mismos, el psiquiátrico, la estancia en la cárcel, los paseos de grupo por el Princeton Plainsboro. Se acabó. Pero con buen sabor de boca hasta el último segundo. Y sí, una temporada más hubiera sido demasiado y posiblemente habría lastrado su creatividad e ingenio. De ahí que su final haya escogido también un buen final. Gracias House por estos años de regocijo catódico.

jueves, 28 de junio de 2012

EL VIDEO


La esencia de Pepe Rubianes está viva...26 minutos de verdades como puños. Algunos lo tacharán de demagogo, otros de oportunista. Yo lo tacharé de brutalmente honesto. Valiente, Wyoming.

lunes, 25 de junio de 2012

D.E.P. MIKI ROQUÉ



El somni interromput: un exemple de lluita per a tots nosaltres. 
Ànims i Força a la seva família i amics en aquests moments de dol.

jueves, 21 de junio de 2012

DIARIO DE INVIERNO PARA MIS NOCHES DE VERANO


Leer a Paul Auster supone un absoluto placer para mis sentidos. Mi biblioteca rebosa de su arte y últimamente cada año regala su genio en una entrega. Recomendadas para no iniciados Locuras de Brooklyn, Sunset Park y Invisible. No pretendo realizar una crítica de su última creación “Diario de invierno", básicamente porque estoy inmerso en él, y todavía es demasiado pronto para emitir ningún juicio prematuro. Pero seguramente estoy delante de una de sus mejores obras de este lustro. Paul Auster elabora una autobiografía, en clave de novela, escrita en el invierno de su vida y amenizada a través de diferentes fragmentos, premeditadamente desordenados en el tiempo, que por una razón u otra le acompañan tatuados en su piel. El escritor neoyorquino cuenta su vida en segunda persona, observándose a sí mismo con la lupa de la experiencia para entender cada una de sus reacciones, experiencias, vivencias y todo aquello con que ha ido tropezando a lo largo de los años, desde las grandes escenas hasta el más pequeño de los fotogramas. Todo ello con una memoria eidética inimaginable.

El paso del tiempo, la muerte, la superación del dolor, sus cicatrices internas y externas, son los temas fetiche que proliferan en su revelación emancipada del género propio de las memorias, reservando perenne un tono intimista y revelador.

Este atajo a la vida íntima del escritor, a través de su misma pluma, es un ejercicio que todavía no he conseguido pormenorizar, ni creo que lo haga en adelante. Drama, ironía, calidez, crudeza, recreación, envueltos en papel de marcado carácter “austeriano” y con la fluidez habitual de su genial narrativa. 


Dejo un fragmento que leí ayer noche y quedó grabado en mi mente para una reflexión interior posterior que se cebó con una pequeña parte de las horas que tenía destinadas a mi habitual descanso nocturno.

No puedes verte a ti mismo. Sabes el aspecto que tienes por espejos y fotografías, pero andando por el mundo, cuando te mueves entre la gente, ya sean amigos o desconocidos o los seres que más quieres íntimamente, tu propio rostro resulta invisible para ti. Puedes ver otras partes de ti mismo, brazos y piernas, manos y pies, hombros y torso, pero sólo por delante, nada por la espalda salvo la parte de atrás de las piernas si las tuerces y las pones en la posición adecuada, pero no la cara, nuca tu rostro, y en el fondo –al menos en lo que respecta a los demás – tu rostro es lo que eres, el factor esencial de tu identidad. Los pasaportes no incluyen fotos de manos y pies. Incluso tú mismo, que ya llevas sesenta y cuatro años viviendo en el interior de tu cuerpo, probablemente serías incapaz de reconocerte el pie fotografiado aisladamente, por no hablar de la oreja, del codo o uno de tus ojos en primer plano. Todo ello muy familiar en el contexto general, pero enteramente anónimo considerado elemento a elemento. Todos somos extraños para nosotros mismos, y si tenemos alguna sensación de quiénes somos, es sólo porque vivimos dentro de la mirada de los demás.

miércoles, 20 de junio de 2012

domingo, 17 de junio de 2012

SUI GENERIS


SUI GENERIS

Casual consciència ferida,  
rabiosa existència de l'abandó,
del cos pregoner de l'ira,
feu-ne conseller inútil del perdó.

Sou l'esclau de tant bella dama,
nou peregrí dels camins incerts,
que exclou de vostre cor la flama,
i congela descurada els sentiments.

Nova perversió vesànica,
d'un obscur anhel primitiu,
trànsfuga d'envellida mecànica,
vexació de l'amor més atractiu.

Mephisto (1988).

martes, 12 de junio de 2012

FRASE DILAPIDANTE

En un momento me sentí acosada por la ansiedad. Pero me deshice del miedo estudiando el cielo, determinando cuándo saldría la luna y dónde aparecería el sol por la mañana. 


Louise Caroline Bourgeois. La eterna niña rebelde, reconocida escultora y artista parisina, mudada a Nueva York, donde desplegó su arte hasta los 98 años de edad. Sus esculturas monumentales de arañas, construcciones oníricas, son uno de los ejemplos más reconocidos de su obra.

jueves, 31 de mayo de 2012

KJERAGBOLTEN, QUE NO TE ATRAPE EL MIEDO A LA ROCA


Hoy leyendo el suplemento de un periódico me ha atrapado una imagen singular. A pesar de haber viajado hace cierto tiempo a Noruega y haber disfrutado unos días en Oslo y visitado alguno de sus fiordos, me ha sorprendido la foto de una roca encajada en una grieta en el borde de una montaña, concretamente en Lysefjorden Kjerag, situada a más de 1100 metros de altura sobre el mar y en un espacio no mayor a 5 m³. 

Se trata de la roca Kjeragbolten o Perno de Kjerag y a pesar de ser considerada como reclamo turístico portador de buena suerte a quien camine por ella, deja sin aliento tán solo imaginarse posado un segundo. Este fiordo y el Kjerag se hallan a unos setenta kilómetros al este de Stavanger. Para subir se tarda unas dos horas y media y el último tramo, no se encuentra a nivel, lo que precisa de un “pequeño saltito de nada” para acomodarse en su cima.


Tal vez me ha atrapado esta imagen porque resume a la perfección la situación de la mayoría de personas sumidas en esta crisis a terceros, provocada por especuladores que deciden si la roca debe caer o no con el mayor número posible de personas encima. Cada mañana muchos empresarios como yo, subimos a esa roca con la esperanza de que siga firme y no genere los peligros lógicos del desgaste del día a día. Muchos han abandonado o han saltado del pedrusco que les mantenía firmes por miedo a la caída, al descalabro o por mero cansancio.

Otros seguimos con la mochila lo menos cargada posible, con la adrenalina variable, y con la fe cada vez menos ciega de creer que  todo esto debe cambiar, con los consabidos mareos aprendidos de que tal vez cuando volvamos a iniciar el camino, la roca nos haya abandonado para dar paso a un puente estable, sin pájaros carroñeros dispuestos a jugar con los bolsillos de aquellos que nunca vivieron por encima de sus posibilidades, de políticos infames metidos a banqueros infectos, de primas de riesgo abultadas sometidas a cancilleres alemanes, de desahucios inaceptables de esperanzas, de pensiones vitalicias indignas por el mero hecho de dejar de prestar servicio a un pueblo a costa del propio pueblo, de recortes sobre recortes para afectar a la educación de nuestras generaciones venideras y a la salud de nuestras generaciones anteriores, de una nación valiente ahogada por otro país vecino que amenaza con un rescate cautivo, de la sombra de una monarquía vetusta y sin sentido, que actúa como el lujo de una democracia creada por aquellos que ahora deberán ser hipotecados para el resto de sus descendencias y tergiversada por aquellos que se erigen como la voz de un pueblo jadeante y convierten la reencarnación de Kikazaru, Mizaru y Iwazaru en un solo ente mezquino y desalmado capaz de no ver la realidad con la empatía necesaria, de  no escuchar la voz de aquellos que confiaron sus destinos en dosificadas decisiones hoy disparatadas, y que insisten en seguir hablando el idioma, tediosamente universal, de la letra pequeña.

Imaginad por un momento que dejais de subir a esa roca, cerrad los ojos y soñad que un día esto va a cambiar. Necesita cambiar. Si conseguimos entre todos que suban al peñasco ese tipo de alimañas, tal vez cuando estén todas encima de él, apretujadas y sudorosas, el peso de su desvergüenza, cinismo y desfachatez provoquen la caída irremediable y los vencidos de hoy serán los invictos del mañana.

Buenas noches.


PD. No he podido dejar de pensar, viendo la imagen, en la película "127 horas" y la lucha de Aron Ralston, basada en un hecho real, justo en el momento de que su brazo queda inmovilizado por el desprendimiento de una roca en un cañón aislado de Utah. Nunca más he descendido un barranco sin pensar en ello. No obstante, ejecuta un claro ejemplo de supervivencia, apta para cualquier tiempo de crisis. 


viernes, 25 de mayo de 2012

miércoles, 23 de mayo de 2012

QUE NO TE ATRAPEN LOS AÑOS, SINO LOS SUEÑOS


Ayer pensé de nuevo en este cuento conocido de Jorge Bucay. Luego les revelo porqué.

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador. Un buscador es alguien que busca; no necesariamente alguien que encuentra. Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda. Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Había aprendido a hacer caso riguroso de estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo. Así que lo dejó todo y partió.  Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos, divisó, a lo lejos, Kammir, Un poco antes de llegar al pueblo, le llamó mucho la atención una colina a la derecha del sendero. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadores. La rodeaba por completo una especie de pequeña valla de madera lustrada.

Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en aquél lugar. El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de aquel paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió aquella inscripción sobre una de las piedras:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que aquella piedra no era simplemente una piedra: era una lápida.

Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en aquel lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla. 


Decía: Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas. El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Aquel hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra era una tumba. Una por una, empezó a leer las lápidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que lo conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los once años… Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio pasaba por allí y se acercó. Lo miró llorar durante un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. -No, por ningún familiar —dijo el buscador—. ¿Qué pasa en este pueblo? ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué hay tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que les ha obligado a construir un cementerio de niños? El anciano sonrió y dijo:

- Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…:

 “Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta como esta que tengo aquí, para que se la cuelgue al cuello. Es tradición entre nosotros que, a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:

A la izquierda, qué fue lo disfrutado.  A la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.
Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana? ¿Dos? ¿Tres semanas y media…? Y después, la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso…¿Cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana? ¿Y el embarazo y el nacimiento del primer hijo…? ¿Y la boda de los amigos? ¿Y el viaje más deseado? ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano? ¿ Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones? ¿Horas? ¿Días?  Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… Cada momento.

Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es para nosotros el único y verdadero tiempo vivido.


Ese es el secreto. Ayer sumé años pero acumularlos sin más es someterse a ser atrapado por esa telaraña juiciosa del paso del tiempo, del reloj impuesto por pura impronta mental, asumir la finitud y contentarse ante el vaso medio lleno. Dejar de lado la cronofobia para salir de la jaula sin rejas, dejar de pisarnos el aire de los pulmones, vivir el aliento con la luna de testigo, muda, y las palabras desnudas son la mejor medicina para el consciente que conoce el tiempo y se enfrenta a él. Agarradlo en su fracción más mínima; no le deis la oportunidad de filtrarse entre vuestro yo más nimio. Así suspendido en vuestra mente, el paso del tiempo no ha de tener jamás el dominio. No detendremos la feroz carrera entre el día que antecede a la noche y la noche que persigue al día. Pero nosotros protagonizamos ese interludio. Cuando se nos olvida el espiritu de ser niños y sonreir a destiempo, le damos una oportunidad a esa telaraña para que nos esclavize a su merced. ¡Qué falta de tiempo con el tiempo que nos sobra!.