

Monumento a Sibelius en Helsinki


Monumento a Sibelius en Helsinki
Calendario del artista:
"Un petit racó de l'univers" de la “Col·lecció Ulls” en Granollers del 08/11/07 - 05/12/07 en la Sala d'actes de la Biblioteca Roca Umbert de Granollers al lado de la Fàbrica de les Arts.
Del 15/09/07 - 23/09/07 en el Museu Comarcal del Pallars Jussà en Tremp se expondrá una baldosa pintada al fresco realizada en su día en Sant Roc (Salàs del Pallars)
Del 15/10/07 - 28/10/07 en la Exposició Pintors Pallaresos. Común de particulares de La Pobla de Segur.

El pasado día 3 de octubre se celebró una onomástica especial. Y es que nuestro código de barras de cada día cumple nada más y nada menos que 30 años en España, igual que el número de barras negras. Cuéntelas es un grato ejercicio. A cada número del código le corresponden dos barras negras, seis barras "marcadoras" que son las dos barras finas del principio, al final y a la mitad del código de barras. No se me pierdan.
Si hay 30 barras y seis de ellas son las marcadoras, por tanto, invariables, las otras 24 corresponden a los números del código; dos a cada número. Sin embargo, hay 13 números. Sigamos con la locura. Los códigos de barras que encontramos en las etiquetas siguen un estándar llamado EAN-13, basado en un estándar inventado en los EE.UU., llamado UPC-A. Este estándar dice que el código de barras lleva 12 cifras e indica cómo se codifican las cifras.


Se cuenta que en los años 20 cuando Albert Einstein empezaba a ser conocido por su teoría de la relatividad, era con frecuencia solicitado por las universidades para dar conferencias. Dado que no le gustaba conducir y sin embargo el coche le resultaba muy cómodo para sus desplazamientos, contrató los servicios de un chofer. Después de varios días de viaje, Einstein le comentó al chofer lo aburrido que era repetir lo mismo una y otra vez. "Si quiere", le dijo el chofer, "le puedo sustituir por una noche. He oído su conferencia tantas veces que la puedo recitar palabra por palabra". Einstein le tomó la palabra y antes de llegar al siguiente lugar, intercambiaron sus ropas y Einstein se puso al volante. Llegaron a la sala donde se iba a celebran la conferencia y como ninguno de los académicos presentes conocía a Einstein, no se descubrió el engaño. El chofer expuso la conferencia que había oído a repetir tantas veces a Einstein. Al final, un profesor en la audiencia le hizo una pregunta. El chofer no tenía ni idea de cual podía ser la respuesta, sin embargo tuvo un golpe de inspiración y le contesto: "La pregunta que me hace es tan sencilla que dejaré que mi chofer, que se encuentra al final de la sala, se la responda".
